Con la llegada del otoño y el descenso de las temperaturas, los resfriados empiezan a hacerse más frecuentes entre los niños. La vuelta al colegio, las actividades extraescolares y el contacto estrecho con otros pequeños favorecen la circulación de los virus respiratorios. Aunque la mayoría de los resfriados son leves, conviene saber cómo prevenirlos y aliviar sus síntomas.
¿Cómo reconocer los primeros síntomas de un resfriado?
Los primeros signos suelen ser los estornudos, la congestión nasal, la mucosidad y el dolor de garganta. También puede aparecer tos, cansancio o febrícula. A diferencia de la gripe, el resfriado suele comenzar de forma gradual y los síntomas acostumbran a ser más leves.
Hábitos para prevenir los resfriados infantiles
Aunque no es posible evitar todos los contagios, algunos hábitos ayudan a reducir el riesgo:
- Lavarse las manos con frecuencia, especialmente al llegar del colegio, antes de comer y después de sonarse la nariz.
- Ventilar los espacios cerrados a diario para renovar el aire y reducir la concentración de partículas respiratorias.
- Enseñar a toser y estornudar en el codo y a utilizar pañuelos desechables.
- Mantener una alimentación variada y equilibrada, con frutas, verduras y alimentos que aporten los nutrientes necesarios para el crecimiento.
- Respetar las horas de sueño, ya que el descanso es fundamental para el bienestar infantil.
¿Qué hacer cuando aparecen los primeros síntomas?
Si el niño ya está resfriado, lo más importante es favorecer su recuperación. Ofrecerle líquidos con frecuencia, procurar que descanse y realizar lavados nasales con suero fisiológico cuando tenga congestión puede ayudar a aliviar las molestias.
No es recomendable administrar antibióticos por cuenta propia, ya que los resfriados están causados por virus. Tampoco deben utilizarse medicamentos para la tos o el catarro sin consultar antes con un profesional sanitario, especialmente en los niños más pequeños.
¿Cuándo conviene consultar al pediatra?
Aunque los resfriados suelen resolverse por sí solos, es importante consultar si el niño presenta dificultad para respirar, decaimiento intenso, signos de deshidratación o fiebre persistente. En bebés menores de tres meses, una temperatura de 38 °C o superior requiere valoración médica inmediata.
Los primeros resfriados de la temporada forman parte de la infancia, pero unos buenos hábitos de prevención y unos cuidados adecuados ayudan a afrontar esta época con mayor tranquilidad.
